La «biblioteca de las cosas», una buena idea

La sharing economy, o economía del compartir, es un concepto en auge al que muchas personas y colectivos se estan aproximando desde diferentes perspectivas. Aún así, está estrechamente relacionado con la economía del conocimiento y todo lo intangible (todo aquello digital que se articula a través de la red). Aunque ultimamente, las impresoras 3D y el Open Hardware están materializando parte de este sharismo y contribuyendo a dar una dimensión física a esta nueva estructura social basada en el comunal, la desintermediación y el DIY/DIWO.

En otra instancia, numerosos estudios (a los que se pueden sumar experiencias própias) ponen de manifiesto que en los entornos rurales el uso de las TIC es mucho menor que en las poblaciones urbanas, por lo que la economía del conocimiento (tan ligada a la actividad digital y el valor añadido) – y en consecuencia la sharing economy-  aún es un factor latente.

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Cuaderno de investigación

Estos días estoy de vuelta al aprendizaje formal. De nuevo con un itinerario de investigación que espero pueda aportarme herramientas, aunque no pueda evitar afrontarlo con una mirada extremadamente crítica, puede que a veces infundada. Como buscando la contra…

Aún así, a medida que voy leyendo y siguiendo los hilos que más me interesan, creando mis contextos teóricos y moldeando mi mirada, encuentro enfoques y puntos de vista en los que me reconozco, me identifico. Seguidamente, fuera de la teoria socialmente aceptada, encuentro nuevo conocimiento en la red que me sirve para contrastar, comparar, añadir o cuestionar. Uniendo puntos, reflexionando y gestando un diseño de investigación.

También descubriendo referencias, que hacen replantear enfoques y afinar presuntas hipótesis.

 

Reflexiones previas

 

Tecnología y educación, y Argentina como escenario en el que plantear cuestiones sobre las diferentes relaciones de estas dos variables. Explorar una realidad a veces extravagante, donde a priori, el nivel de acceso (brecha digital) está más que superado. Aunque parece no haber  una fórmula única-válida-para-todos.

Por un lado, grandes inversiones y resultados alentadores como los que se presentaron en Universo Conectar, logros y desarrollos de jóvenes estudiantes de las escuelas públicas del país. Además de servidores revosantes de materiales didácticos y programas de alfabetización.

Hay un plan, sí. Pero hay que preguntarse si este se adapta a las distintas realidades de los jóvenes del país.

Por ejemplo, muchos jóvenes de la periferia rural han integrado las TIC en entornos humildes, con altos indices de desescolarización, analfabetismo y violencia familiar. ¿Como interactuan con estas nuevas herramientas para construir significados sociales? ¿Las netbooks suponen algo más que dispositivos de entretenimiento?¿Como creen los chicos que las TICS podrían mejorar su vida o la de sus comunidades?¿Que les han aportardo? ¿Qué opinan al respeto?

Después de grandes inversiones nacionales – y provinciales en el caso de San Luis- para superar la brecha digital en la periferia rural, no se ha evaluado de manera cualitativa como la introducción de TICS ha sido experimentada por estos jóvenes, no se ha mapeado su comportamiento ni analizado sus interacciones. No se ha indagado en la cultura digital de los jóvenes de la periferia rural.

Sin contemplar las necesidades reales de su contexto, resulta muy complejo diseñar programas de alfabetización y capacitació inclusivos y participativos, realmente eficaces (o artefactos tecnopedagógicos adecuados) por más infraestructuras públicas y materiales tecnológicos que se dispongan.

Para que las TIC puedan convertirse en un agente transformador hace falta que haya un fuerte proceso de apropiación, y para que esto suceda, hay que centrarse en las necesidades reales de cada comunidad. Necesitamos diseñar investigaciones abiertas y participativas donde sean los mismos jóvenes los que propongan soluciones y señales sus necesidades.

Hay que evitar saber lo que le conviene a todo el mundo. Ser humilde y preguntar. Escapar de la mirada colonialista si realmente se tiene vocación de servicio.

Porque, ¿tiene sentido la investigación si no tiene como finalidad la transformación social?